MENTE DE PRINCIPIANTE

Nunca dejar de aprender


¿Qué significa tener mente de principiante?

Significa siempre tener predisposición a aprender. Mente abierta a nuevas posibilidades, perspectivas y experiencias.

Siempre empezando desde cero, dejando el ego y la soberbia atrás y adoptando la postura del estudiante eterno. Si desarrollas la pasión por el aprendizaje ten por seguro que nunca dejarás de crecer.

¿Pero cómo puedo poner en práctica este concepto?

Muéstrale respeto al problema al que te enfrentas

Algo que he aprendido con los años de práctica es que debes mostrarle respeto al problema al que te enfrentas porque él es tu maestro. Tu profesor o entrenador pueden ser tu guía y tu consejero pero al final quien te enseñará el valor de la experiencia es el mismo problema al que te enfrentas. ¿Por qué? Porque eres tú versus el problema y sabes perfectamente que al superar ese problema vas a evolucionar. Y cuando hayas superado ese problema recordarás las caídas, los tropiezos, los errores, los aciertos, las anécdotas, los consejos y los conceptos que te dejaron esa experiencia.

Por eso ten en cuenta:

Cada problema, por más complejo o sencillo que sea, nos da una lección y nos muestra un profundo mar de conceptos, principios y enseñanzas. ¡No lo subestimes! Así hayas visto el problema antes siempre hay un detalle que aprender, recordar, mejorar o actualizar. No tengas ideas preconcebidas o prejuicios. Debes ver al problema como si fuera la primera vez que lo experimentas. Tienes que volver a ser un novato.

Puedes llevar 20 años haciendo boxeo pero siempre que subes al ring es como el primer día.

Por lo tanto, si respetas al problema al que te enfrentas también estás respetando al profesor que te está brindando su tiempo, experiencia y conocimiento.

Acostúmbrate a mirar los problemas con curiosidad y a buscar posibilidades. Si tienes una mente curiosa disfrutarás mucho más de la vida. La curiosidad genera bienestar. Además, al tener una mente curiosa y resolver diversos problemas podrás interactuar con otras personas sin prejuicios ni miedos ni el temor a equivocarte. Muchas veces un «No sé, vamos a probar» une a las personas y genera crecimiento.

Caso 1: No soy bueno en esto pero quiero aprender, quiero entenderlo y quiero experimentarlo. Creo que es posible hacerlo realidad.

Caso 2: Esto ya lo he visto antes pero: ¿Qué nuevas posibilidades saldrán de este problema? ¿Qué de nuevo voy a aprender?

La mentalidad de principiante es una lucha constante contra nuestro ego

Más que una actitud soberbia y competitiva en busca del éxito y el reconocimiento debemos tener una actitud juguetona, exploradora y humilde. Siempre dispuestos a aprender nuevas experiencias y explorar dominios desconocidos que puedan sumar a nuestro crecimiento.

La mayoría de las personas piensa que ellas son expertas en su campo, pero realmente solo son expertas en un estilo en particular o en una pequeña porción del conocimiento (James Car).

Y es aquí donde está la trampa del ego: Una persona deja de ser el mejor en lo que hace cuando comienza a creer que es el mejor. No hay más estímulo ni incomodidad ni crecimiento. Comienza a bajar la guardia. Solo hace lo que sabe hacer y se estanca.

Si lo ves de esa manera descubrirás que el crecimiento está en la diversidad de estilos, experiencias y saberes. Hay millones de personas en el planeta tierra: ¿No crees que alguna de ellas es más fuerte que tú en algún aspecto, que ha experimentado cosas que tú no has experimentado o que conoce cosas que tú no conoces? Entonces no luches ni compitas contra ellas, al contrario, aprende de esas personas.

Cuando comienzas a poner en práctica esta forma de pensar te das cuenta que hay aspectos en los que eres muy bueno pero a la vez hay aspectos en los que apestas y que debes mejorar. Comprendes que todo lo que sabes es pequeño comparado con todo el conocimiento que existe y que te falta un camino muy largo por recorrer. Y lo más importante, aprendes a compartir y a conectar con otras personas; comienzas a escuchar, valorar, respetar y ser agradecido con el conocimiento de otros.

Eres maestro en unos temas y a la vez estudiante en otros temas. A veces eres alumno, a veces eres maestro.

Incluso en la vida, en el ámbito deportivo y en el mundo artístico la competencia debería verse como un espacio de crecimiento y aprendizaje donde te retas y te pones a prueba con tu oponente para aprender de tus propias fortalezas y debilidades a la vez que aprendes de tu oponente con la finalidad de abrir nuevos horizontes.

La competencia es un juego de alto nivel y por lo tanto hay que tener mucha madurez. El problema es que no nos educan emocionalmente para la competencia. Por supuesto que habrá victorias y derrotas pero independientemente del resultado es en esa lucha de estilos y estrategias donde está el aprendizaje y la evolución. ¿Si no hubiera oponentes que pongan a prueba tus límites cómo sabrás donde están tus límites? Por lo tanto también muéstrale respeto a tu oponente porque te dejará una lección. Sé tolerante, receptivo y autocrítico. Ganes o pierdas habrás sumado una nueva experiencia.

Desaprender para aprender

Somos muy buenos para aprender pero muy malos para desaprender. Desaprender es un proceso muy difícil porque implica dejar hábitos, patrones de conducta, modelos mentales y pensamientos que ya son parte de nosotros. Nos costó tanto aprenderlo o nos acostumbramos tanto que somos reacios a cambiarlo y en muchas ocasiones esto es lo que no nos permite evolucionar. Lamentablemente somos esclavos de nuestras propias prácticas y creencias.

Muchas veces nos cuesta soltar y dejar esa zona de confort. Nos gana el ego, la pereza e incluso el miedo frente a la incomodidad de salir de los terrenos en los que somos buenos.

Y más ahora con el mundo digital globalizado e interconectado donde la información se actualiza mucho más rápido y el conocimiento evoluciona a pasos agigantados, desaprender se ha convertido en una habilidad en sí misma porque constantemente tenemos que estar modificando nuestros hábitos y modelos mentales.

Lo complicado de este punto es autocriticarse y admitir que lo que aprendiste o lo que pensabas ya caducó o ya evolucionó. Incluso algunas veces significa admitir y asumir que estabas equivocado y que es momento de renunciar, reiniciar y actualizar.

El error es bueno cuando aceptas la equivocación y das el salto hacia el siguiente nivel.

Debemos entender que nosotros mismos cambiamos con el tiempo. Nuestras percepciones, opiniones, juicios, gustos, perspectivas, hábitos y modelos mentales van evolucionando y amoldándose conforme se presenta nueva información y nos exponemos a nuevas experiencias.

Para aprender nuevos conocimientos y nuevas habilidades tienes que vaciar tu taza (tu mente).

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Bibliografía

Estas son algunas fuentes que he consultado para nutrir mi investigación.